BUSCANDO A MIS ANCESTROS (III)

El linaje Artacho – Olmedo – Artacho

En esta tercera entrega continúo con la investigación de otra de las ramas familiares. En este caso se trata del linaje formado por los apellidos Artacho y Olmedo, correspondientes a mis abuelos maternos.


El punto de partida: el recordatorio del abuelo Rafael

La investigación sobre mi abuelo materno Rafael Artacho Portillo comenzó, igual que en otros casos anteriores, a partir de un documento familiar que encontré entre los recuerdos de mis padres: el recordatorio de su fallecimiento.

Gracias a ese recordatorio pude solicitar primero el acta de defunción y, posteriormente, el acta de nacimiento.


Según el acta de defunción, mi abuelo Rafael Artacho Portillo falleció en Sabadell (Barcelona) el 24 de junio de 1965, a los 75 años de edad, a causa de un colapso cardíaco.

El acta de nacimiento aporta información más detallada. En ella consta que nació el 4 de enero de 1890 en la calle San Pedro nº 23 de Antequera (Málaga). Recibió los nombres de Rafael Juan Eduardo.

Era hijo de Juan Artacho Chacón, de 43 años, y de María Portillo del Arca, también de 43 años. En el documento se menciona además que su abuela paterna, Carmen Chacón, vivía en la calle Herrezuelos de Antequera, mientras que los otros abuelos, también naturales de Antequera, ya habían fallecido en ese momento.

A continuación la transcripción íntegra del Acta de Nacimiento de mi abuelo Rafael Artacho Portillo

En la ciudad de Antequera a la 1 de la tarde del día seis de Enero de mil ochocientos noventa ante D. José Castilla Rozas Juez municipal y D. Agustín Pérez Jiménez Secretario, compareció Juan Artacho Chacón, natural de Antequera, término municipal de la misma provincia de Málaga, de edad cuarenta y tres años, en ejercicio del campo, domiciliado en esta ciudad, Calle San Pedro número treinta y tres, presentando con objeto de que se inscriba en el Registro Civil un niño; y al efecto, como Padres del mismo declaró:

Que dicho niño nació en su domicilio de la calle San Pedro nº treinta y tres el día 4 del corriente a las dos de la mañana.

Que es hijo legítimo del compareciente y de María Portillo del Arca, natural de Antequera, término municipal de la misma provincia de Málaga, domiciliada con su marido Calle San Pedro, de cuarenta y tres años.

Que es nieto por linea paterna de Juan Artacho Rodríguez, natural de Antequera, Difunto

y de Carmen Chacón Palomar, natural de Antequera, término municipal de la misma provincia de Málaga, domiciliada en la calle Herrezuelos

y por linea materna de Francisco Portillo Puebla, natural de Antequera, difunto y de Carmen del Arca Montenegro, natural de Antequera término municipal de la misma provincia de Málaga, difunta

Y que al expresado niño se le pone nombre de Rafael Juan Eduardo

Todo lo cual presenciaron como testigos D. Fco Mendez Jimenez, natural de Antequera, término municipal de la misma, mayor de edad, soltero, ocupación escribiente, domiciliado en Calle del Plato y José Pedraza Vergara, natural de esta ciudad, término municipal de la misma provincia de Málaga, mayor de edad, casado, ejercicio Alguacil y domiciliado en Calle del Viento.

Leída íntegramente esta Acta, e invitadas las personas que deben suscribirlas a que la leyeran por sí mismas, si lo creían conveniente, se estampó en ella el sello del juzgado Municipal y la firmaron el Sr. Juez, los testigos y no el compareciente haciéndolo el que suscribe y la certifica


El apellido Artacho del abuelo Rafael

Mi abuelo materno Rafael Artacho Portillo era hermano de mi abuelo paterno Manuel Artacho Portillo. Por esta razón, los antepasados de ambos coinciden con los que ya describí en la primera parte de esta serie dedicada al linaje Artacho – Portillo.


El apellido Olmedo de mi abuela materna Teresa Olmedo Artacho

De mi abuela materna Teresa Olmedo Artacho dispongo todavía de poca documentación, ya que hasta el momento no he conseguido localizar sus actas de nacimiento ni de defunción.

Sólamente, he localizado en el Archivo Histórico Municipal de Antequera que existe un certificado de enterramiento fechado el 3 de octubre de 1953, por lo que se supone que falleció alrededor de esa fecha. He escrito al Archivo, preguntando cómo se puede obtener el documento, y hasta la fecha de publicación de esta entrada, no me han contestado.

Por otra parte, gracias a la partida de nacimiento de mi madre he podido saber que, cuando ella nació, mi abuela Teresa tenía 27 años y vivía en la calle San Pedro nº 31 de Antequera.

En ese mismo documento aparecen también los nombres de sus padres: Manuel Olmedo Benítez y Ana Cordón Artacho, que residían en la calle Martín de Luque.


Los antepasados del apellido Olmedo

Durante la investigación también he podido localizar el acta de nacimiento de Manuel Olmedo Benítez, padre de mi abuela Teresa.

Acta de nacimiento de Manuel Olmedo Benítez, uno de mis bisabuelos maternos

Según este documento, Manuel Olmedo Benítez nació el 17 de marzo de 1860 en la calle Lucena de Antequera. Sus padres trabajaban en el campo y fue bautizado en la parroquia de San Pedro.

Era hijo de Antonio Olmedo y María del Carmen Benítez.

Sus abuelos eran:

Por línea paterna

  • Salvador Olmedo
  • Juana Maíz

Por línea materna

  • Juan Benítez
  • María León


El apellido Artacho en la rama de mi abuela Teresa

Mi bisabuelo Manuel Olmedo Benítez se casó con Ana Artacho Cordón, de quien también he conseguido localizar su acta de nacimiento.

Acta de nacimiento de Ana Artacho Cordón

Este documento me ha permitido conocer los nombres de sus padres y abuelos, lo que ha facilitado continuar la investigación del apellido Artacho dentro de esta rama familiar.

También he localizado el acta de matrimonio de Cristóbal Artacho y Josefa Cordón, padres de Ana Artacho Cordón y, por tanto, dos de mis tatarabuelos.

Acta de matrimonio de Cristóbal Artacho Ariza y Josefa Cordón Benítez

Un antepasado común: JUAN ARTACHO LARA

Uno de los resultados más interesantes de esta investigación ha sido comprobar que existe un antepasado común del que proceden varias de las ramas del apellido Artacho presentes en mi familia.

Se trata de Juan Artacho Lara, que tuvo dos hijos con María Dolores Rodríguez: mis tatarabuelos José y Juan.

De José Artacho Rodríguez, que se casó con Ana Ariza desciende el linaje de mi abuela Teresa Olmedo Artacho. De Juan Artacho Rodríguez que se casó con Maria del Carmen Chacón Palomar desciende el linaje de mis abuelos Manuel y Rafael Artacho Portillo.

En otras palabras, el apellido Artacho está presente en tres de mis cuatro abuelos, todos ellos descendientes de este mismo antepasado.



Situación actual de la investigación

La documentación localizada hasta ahora me ha permitido ampliar considerablemente el conocimiento sobre esta rama familiar, aunque todavía quedan algunos documentos por localizar, especialmente en lo relativo a mi abuela Teresa Olmedo Artacho.

En próximas entregas continuaré con la investigación de más miembros de nuestros antepasados.

BUSCANDO A MIS ANCESTROS (II)

El linaje Rojel – Guerrero

En esta segunda entrega continúo con la investigación de otra de las ramas familiares, en este caso la formada por los apellidos Rojel y Guerrero.

Una parte de esta investigación ya la había iniciado años atrás. En una entrada publicada en septiembre de 2021, titulada “Rogel o Rojel”, contaba cómo había conseguido localizar algunos documentos relacionados con mi abuela Elvira Rojel Guerrero.

El punto de partida: un recordatorio familiar

El inicio de esta investigación fue un hallazgo casual entre los recuerdos de mis padres: el recordatorio del fallecimiento de la abuela Elvira.

Este documento resultó fundamental, ya que para solicitar certificados oficiales en el Registro Civil es imprescindible conocer la fecha exacta del nacimiento o del fallecimiento. Gracias a la fecha que figuraba en ese recordatorio pude solicitar el acta de defunción.

En dicha acta aparecía también la fecha de nacimiento, lo que me permitió solicitar posteriormente el acta de nacimiento.

En ambos documentos se observa, sin embargo, un pequeño error: en la esquela y en el acta de defunción aparece cambiado el segundo apellido de la abuela, figurando Herrero en lugar de Guerrero.

A partir del acta de nacimiento de la abuela Elvira pude conocer los nombres de sus padres y abuelos, lo que me permitió continuar la investigación buscando nuevas actas de nacimiento, matrimonio y defunción.


El apellido Rojel

El antepasado más antiguo que he podido localizar hasta el momento con este apellido es Francisco Rojel, nacido aproximadamente hacia 1780 en Algarinejo (Granada) y casado alrededor de 1805 con María García.

De este matrimonio he localizado al menos dos hijos: José y Antonia, de los que he podido encontrar sus correspondientes actas de defunción.

Para no perderse pongo sólo el cuadro de los descendientes de José Rojel García

José Rojel García

De José Rojel García he podido reconstruir más datos. Nació en Algarinejo hacia 1803 y se trasladó posteriormente a Archidona, donde contrajo matrimonio en 1835 con Rafaela Mármol Moreno.

En los documentos aparece como ventero, oficio que en aquella época designaba al encargado de una venta o posada.

El matrimonio tuvo cuatro hijos:

  • Rafael José
  • Eduarda
  • Francisca María
  • Miguel

La esposa, Rafaela Mármol Moreno, falleció en Archidona en 1854 a los 45 años. En el acta de defunción figura como causa del fallecimiento una “congestión cerebral” (en el documento aparece escrita como “celebral”). Sus padres eran Ignacio Mármol y Francisca Moreno, que hasta ahora son los antepasados más antiguos que he podido identificar de la rama familiar de los Marmol.

Seis años más tarde, en 1860, falleció también José Rojel García, a los 57 años, a causa de una pulmonía.

Rafael José Rojel

Del mayor de los hijos, Rafael José Rojel, nacido en Archidona en 1842, he localizado su acta de nacimiento.

Este antepasado tuvo una vida familiar algo más compleja. A los 27 años contrajo matrimonio con Francisca Morente Peláez, con la que tuvo varios hijos. De momento he identificado al menos a uno de ellos: Adolfo Rojel Morente, aunque probablemente hubo más.

Sin embargo, en esta investigación me estoy centrando únicamente en los ascendientes directos, por lo que esa rama la dejaré para un estudio posterior.

Acta de nacimiento de Rafael José Rojel Mármol

Años más tarde, Rafael José Rojel contrajo matrimonio en segundas nupcias con Elvira Guerrero Bonilla, natural de Campillos. De este matrimonio nació Elvira Rojel Guerrero, mi abuela.


El apellido Guerrero

La investigación del apellido Guerrero ha resultado bastante más complicada.

El hecho de que esta familia proceda de Campillos dificulta la búsqueda, ya que, al menos por el momento, sus archivos históricos no parecen estar tan digitalizados como los de otros municipios cercanos, como Antequera o Archidona.

Durante la búsqueda encontré en Antequera la partida de nacimiento de un Adolfo Guerrero Bonilla, que en un primer momento pensé que podría ser hermano de mi bisabuela Elvira Guerrero Bonilla. Sin embargo, al comprobar los nombres de los padres y abuelos pude ver que no coincidían, por lo que debía tratarse de otra familia.

Por ahora, la información que he podido documentar se limita a los padres y abuelos de Elvira Rojel Guerrero, que incluyo en el cuadro genealógico adjunto.

Situación actual de la investigación

Con los documentos localizados hasta ahora he podido reconstruir varias generaciones de la rama Rojel – Guerrero, aunque todavía quedan lagunas, especialmente en la línea del apellido Guerrero.

Es posible que futuras digitalizaciones de archivos parroquiales o municipales permitan completar esta parte de la historia familiar.

En las próximas entradas continuaré con la investigación de los otros apellidos familiares.


BUSCANDO A MIS ANCESTROS (I)

El linaje Artacho – Portillo

Entre los proyectos que me propuse al iniciar mi jubilación había uno muy especial: profundizar en los orígenes de nuestra familia.

En 2012 ya había elaborado un primer Árbol Genealógico en MyHeritage, utilizando las notas que tomé cuando mi madre me relataba los nombres de sus tíos y abuelos. Aquella información fue el punto de partida, pero quedaban muchos datos por confirmar y completar.


Primer paso: el acta de nacimiento de mi padre

Decidí comenzar por una fuente oficial. Solicité al Registro Civil el acta de nacimiento de mi padre.

Gracias a ese documento pude confirmar que, aunque nació en Archidona, era hijo de Manuel Artacho Portillo y nieto de Juan Artacho Chacón y María Portillo del Arca, naturales de Antequera.

Acta de nacimiento de mi padre Manuel Artacho Rojel.

Este hallazgo aclaraba la procedencia familiar, pero pronto surgió una dificultad: desconocía la fecha de nacimiento y defunción de mi abuelo Manuel Artacho Portillo. Sin esos datos, la investigación quedaba prácticamente detenida.


La búsqueda en archivos digitales

En ese punto comencé a utilizar la plataforma FamilySearch, que reúne millones de registros históricos digitalizados.

La tarea no fue sencilla. La abundancia de personas con nombres iguales o muy similares obligaba a comprobar cuidadosamente cada detalle: lugar de nacimiento, edad, nombres de los padres y fechas.

El método fue claro: buscar y contrastar actas de nacimiento, matrimonio y defunción hasta poder confirmar cada vínculo familiar.


Documentos localizados

El trabajo dio sus frutos.

Encontré el acta de matrimonio de Juan Artacho Chacón y María Portillo del Arca, ambos naturales de Antequera. Los datos coincidían plenamente con la información familiar.

Acta de matrimonio de Juan Artacho Chacón y María Portillo del Arca

También localicé el acta de nacimiento de Juan Bautista Francisco Artacho Chacón. Aunque el nombre aparecía compuesto, los demás datos —población, filiación y edad— confirmaban que se trataba de la misma persona mencionada en el acta matrimonial.

Acta de nacimiento de Juan Bautista Francisco Artacho Chacón.

Continuando la investigación apareció el acta de defunción de Juan Artacho Rodríguez, fallecido en 1855 a los 40 años. En ella figura como causa de muerte “cardialgias crónicas” y que vivía en el partido de Serrato, nombre que escuché más de una vez en boca de mis padres, cuando hablaban de familiares suyos.

Acta de defunción de Juan Artacho Rodríguez

Los datos recogidos permiten identificarlo como padre de mi bisabuelo y, por tanto, uno de mis tatarabuelos.

En ese mismo documento constan los nombres de sus padres: Juan Artacho y Dolores Rodríguez. Hasta el momento, ellos son los antepasados más antiguos que he podido localizar del apellido ARTACHO.

Acta de nacimiento de María Portillo del Arca.

Por otra parte, también localicé el acta de nacimiento de María Portillo del Arca que incluye los nombres de sus padres y abuelos, lo que me ha permitido completar hasta esa misma generación la línea del apellido PORTILLO.


Situación actual de la investigación

Con la documentación obtenida he podido reconstruir varias generaciones del linaje Artacho – Portillo, que compartimos todos los descendientes de esta rama familiar.

Ascendientes de Manuel Artacho Portillo

Todos los datos incorporados hasta ahora están respaldados por documentos oficiales localizados y contrastados.


Continuará…

En próximas entradas continuaré con la investigación de los otros apellidos familiares, siguiendo el mismo método y apoyándome siempre en documentación verificable.


NOCHE DE REYES: El despertar de una tradición.

5 DE ENERO DE 1996. Ese año hicieron de Reyes los tres nietos menores (varones) hasta entonces.

Decía Gabriel García Márquez que “la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

Por eso, cuando el paso de los años difumina la memoria, resulta sumamente gratificante rescatar lo que, durante casi un cuarto de siglo, ocurría cada 5 de enero en casa de Manuel y María: el hogar de la familia Artacho Artacho.

El reencuentro de 2025: El efecto mariposa

Todo comenzó con la iniciativa de mi hermano Pepe y Petra, quienes decidieron inaugurar su nueva casa en Madrid recuperando aquellas celebraciones que hacíamos en casa de nuestros padres. Ese gesto provocó una reacción en cadena, un auténtico «efecto mariposa» de nostalgia y alegría.

Las ideas no tardaron en surgir: mi sobrino Pedro propuso que cada nieto escribiera sus recuerdos para crear un libro conmemorativo con fotos antiguas; un regalo único para los anfitriones. Mi sobrina Mari Paz se ofreció para recoger los testimonios y se encargó de realizarlo. Mi hermana Carmen se ofreció a preparar la sopa de picadillo que, durante décadas, fue el sello de aquellas cenas. Por mi parte, me encargué de llevar el Roscón para cerrar la fiesta, mientras Pepe anunciaba que él prepararía el chocolate de acompañamiento.

Los 34 asistentes

El resultado fue una reunión espectacular con 34 asistentes el 4 de Enero de 2025. No solo rememoramos el pasado, sino que, sobre todo, reforzamos los vínculos con las nuevas generaciones, gracias a la calidez de los anfitriones, quienes además de ricos manjares, prepararon momentos inolvidables:

  • Cápsulas del tiempo: Proyectaron fotos antiguas y el video reviviendo el momento más esperado: la entrega de regalos.
  • Conexión profunda: Organizaron dinámicas rompehielos que fomentaron una interacción real. Fue brillante la idea de emparejarnos por azar para escucharnos en silencio durante diez minutos; un contacto íntimo que rara vez se logra en reuniones tan masivas.
Uno de los vídeos que se grabaron una de aquellas noches mágicas.

Pero mejor que yo lo explican las imágenes de ese acto y si quieres verlas pincha en el enlace que indico a continuación donde se pueden ver.


2026: Una tradición que echa raíces

Este pasado enero de 2026 la fiesta se repitió con la misma vocación de permanencia. El éxito de convocatoria y la energía compartida pronostican que habrá «Fiesta de Reyes» mientras nuestros anfitriones sigan abriéndonos su casa.

Por segundo año, disfrutamos de los manjares preparados por los anfitriones y las viandas de siempre —sopa, chocolate y roscón—, pero, sobre todo, de la alegría de estar juntos. En esta ocasión, el ejercicio de reflexión consistió en compartir con nuestro «compañero de fecha de nacimiento» lo mejor y lo peor del año anterior. Diez minutos de escucha que nos invitaron a la reflexión y al cariño.

Por último comparto el libro de recuerdos de los hijos y nietos de Manuel y María sobre las noches de Reyes de tantos años. Leerlo, sin duda, mejora la vida que uno recuerda.

Entendemos que habrá diferencias insalvables en muchos sentidos, partiendo de los que no podrán estar de ninguna manera y que recordamos con mucho amor en nuestro corazón: el abuelo Manuel. La abuela María. El tío Manolo. La tía Antonia. El tío Luis. El tío Pedro.

Pero creemos que la gran esencia de esta gran noche no tiene por qué haber cambiado: el estar juntos en familia haciendo de un momento especial, un momento artachamente especial.

Los sobrinos de este señor, nietos de Manuel y María Artacho, fundadores de este gran momento familiar, hemos querido recopilar nuestros recuerdos en este libro, acompañándolo de fotos que hemos encontrado en el baúl de los recuerdos.

Pero no queremos que solo de nuestros recuerdos se llene este libro, por lo que hemos dejado unos espacios en blanco para que todo aquel que quiera, pueda dejar su sentir.


Recuerdos de Manolo (nieto)

No recuerdo el año, pero cuando llegó el famoso roscón que llevaba el tío Rafa a la mesa y el chocolate, como cada año, cada porción se compraba y el que consiguiera la sorpresa se llevaba el bote.

Ese año, llegó un momento que solo quedaban dos porciones y por descarte en alguno de ellos debía estar la sorpresa, decidieron comprarlas pagando 500 ptas. entre el Tío Luis y mi padre Manolo pagando creo 500 pesetas por cada porción, y la sorpresa sin salir. ¿Entonces no había sorpresa ese año?

Si la había, lo que pasaba que el tío Carlos se estaba comiendo su trozo alrededor de la sorpresa sin decirlo, y con toda su parsimonia se levantó y cogió todo el dinero que había en la caja en el bote.

¡No recuerdo lo que paso después! Pero imaginaros las caras y las risas con que nos quedamos todos los presentes.

MANOLO


Recuerdos de Toñi (nieta)

La noche de Reyes ¿qué significó para mí?

Pues nunca me lo había preguntado, pero la podría definir en varias etapas:

Niñez, en esta etapa principalmente era la ilusión por la llegada de los Reyes Magos, jugar con las primas, las actuaciones, los villancicos del abuelo…

Adolescencia: Aquí había varios sentimientos contradictorios. Por un lado esa parte de rebeldía, el no entender por qué tenía que ir, no puedo salir con mis amigos, y por otro lado, la ilusión de ver a la familia, esas reuniones de las chicas en la habitación de Carlos, que ya era mayor porque cenaba en la mesa de los adultos y muchas otras cosas que ya me hacía ser mayor.

Adulta: Aquí ya todo es diferente. Ya las cenas empiezan a ser fuera de casa, me relaciono más con los tíos, empiezo a ir con Rubén y los últimos reyes con Jesús, lo que vuelve a despertar el espíritu de la niñez en mí.

Por tanto, hoy en día, echando la vista atrás, la fiesta de Reyes era una noche maravillosa que hoy en día añoro y que lamento enormemente que mis niños no lo pudieran disfrutar.

Una noche en la que LOS ABUELOS eran las personas más felices al ver a todos los suyos juntos, desde mi padre como hijo mayor, hasta Jesús como miembro más pequeño de la familia en aquel momento….

En resumen, la noche de Reyes era una “Noche de reunión familiar y felicidad”.

TOÑI



Recuerdos de Susana (nieta)

RECUERDO cómo para nosotras la fiesta de Los Reyes no empezaba el 5 de enero. Varios días antes, íbamos a la calle Pedro Laborde a comprar los regalos de los abuelos para toda la familia. Porque la abuela no se olvidaba de nadie, la noche de Reyes todos iban a tener un regalo mínimo, aunque luego nos juntábamos con alguno más. Yo me sentía una mera espectadora escuchando como mi madre, la tía Mari y la abuela pensaban qué comprarle a cada uno y cómo entrábamos tienda por tienda a mirar lo que tenían y elegir cuál era el mejor regalo. Luego llegábamos a casa para envolverlos y ponerles los “carteles”. El día 5 nosotras llegábamos antes y ayudábamos a preparar la casa, la vajilla y el resto de cosas para la cena. Recuerdo como la abuela, como la matriarca que era, lo organizaba todo, nos decía lo que teníamos que hacer cada una, donde estaba cada cosa dando la sensación de que lo tenía todo controlado…como desde luego así era.

Derrochaba energía por todas partes, a pesar de la edad que tenía. Es más, yo creo que rejuvenecía con estos encuentros anuales. Luego, empezaban a llegar todos y la casa se llenaba de alegría, besos y conversaciones en corrillos. Y yo me sentía feliz, porque llegaban mis primas y podíamos ponernos al día y pasar tiempo juntas. Cuando éramos más pequeñas la casa se llenaba de muñecas, incluso algunas muy grandes y la abuela era feliz porque le encantaban, yo creo que se sentía afortunada de tener tantas nietas después de haber tenido tantos hijos varones. El abuelo, aunque se quejaba del dinero que se gastaba la abuela y del jaleo que se montaba, en el fondo también disfrutaba mucho de esos momentos, teniendo a toda la familia reunida. Porque al final, lo que nos queda de las personas que queremos y lo más importante son los recuerdos. Sobre todo, si son BUENOS RECUERDOS.

SUSANA


Recuerdos de Paz (nieta)

Recuerdo la Noche de Reyes con muchísima ilusión.

De la casa baja, recuerdo haber entrado en la sala de estar y ver a mi madre con la tía pegando las estrellas en la capa blanca del rey mago, mirándome en silencio hasta que salí de allí.

Pero la mayor parte de los recuerdos son del piso de los abuelos.

Recuerdo los preparativos de los días anteriores: las compras en Pedro Laborde y Alcampo con la abuela, incluso cuando ya iba en silla de ruedas (que casi no podíamos empujarla cuesta arriba). Desde que tengo memoria, sabía que eran ellas quienes compraban los regalos y no recuerdo creer que los Reyes no eran otros que mis tíos.

Recuerdo limpiar y recoger la casa estando allí con la abuela y la tía Mari. Mi hermana y yo hacíamos cadenetas para colgarlas por el techo del salón y decorarlo de gala. Incluso poníamos los carteles a los regalos viendo como cada vez había más sacos.

Recuerdo la cocina llena de postres, cacerolas y tabletas de chocolate que luego rallábamos para echarlos en la leche y mover, y mover, y mover hasta que espesaba el chocolate.

Recuerdo la cena en la cocina todos los primos juntos, cuando éramos niños y no tan niños, pero juntos compartiendo juegos y emoción porque llegara el gran momento: el de los regalos. Recuerdo comer la sopa de la abuela que, ese día hasta me gustaba.

Recuerdo todos acoplados como podíamos en el salón, cada vez más pequeño porque cada vez éramos más. Había quienes ya tenían su sitio reservado, y había quienes se sentaban dónde y cómo podían, pero todos acabábamos llamando al Rey Mago de turno cantando y haciendo chistes.

El momento de venir el rey mago y repartir los regalos era único. Lo que nunca entendí fue lo del disfraz ¿por qué no parecía un Rey Mago? Cierto que no había bazares chinos aún, pero siempre creí que se podía haber hecho mejor, aunque al final, ese era uno de los encantos del momento, ya por tradición.

Y llegaba el gran momento: “ De los abuelos para la Mari….”, “pero qué Mari?….”, “qué pone aquí…”y así, entre regalo y regalo, el chascarrillo que a todos nos hacía reír.

Yo ya imaginaba lo que iba a pasar, casi los regalos que iba a recibir o incluso los que me iban a gustar, pero daba igual, era un momento tan divertido y especial que lo disfrutaba como si fuera el primero.

Lo que más me gustaba de ese día era que estábamos todos juntos, todos los que éramos en la gran familia Artacho, y que siempre era muy divertido.

Luego quedaba recoger y volver a limpiar, pero había merecido la pena. Había vivido otra gran noche mágica de Reyes.

Es por eso que, volver a juntarnos todos hoy 4 de enero de 2024, tiene para mi, en sí, la esencia de la Noche de Reyes.

Gracias por hacerlo posible Tío! Y gracias Petra por acompañarlo y acompañarnos.

PAZ


Recuerdos de Vanesa (Nieta)

Cómo olvidar esta fiesta tan significativa para mí.

Las fotos muestran recuerdos de ilusión, de impaciencia por saber qué rey mago nos visitaría esa noche.

Recuerdo que desde pequeña teníamos que esperar a salir de la tienda, recoger el roscón gigante en nuestra querida pastelería Blázquez en Móstoles que a la hora que fueras ese 5 de enero había una cola gigante. Pero a pesar de todo cuando llegábamos y nos reuníamos era especial.

Y cómo no recordar las actuaciones que preparábamos mis primas y yo para amenizar el tiempo de espera de los Reyes Magos.

Felicidad, ilusión y alegría son mis recuerdos que quedaran en mi memoria.

VANESA



Recuerdos de Irene (nieta)

Recuerdo juntarnos todas las primas en la cocina y preparar la sopa. La emoción de recibir los regalos al principio y luego preparar los sacos y al elegido. La sonrisa de la abuela y la cara de satisfacción del abuelo.

Siempre me parecía ver venir a los reyes por la ventana. La impaciencia de la llegada de mi regalo y el fin de fiesta tomando el roscón que traía el tío Rafa y del que disfrutábamos hasta del regalito.

IRENE


Recuerdos de Juan Carlos (nieto)

La noche de reyes en casa de los abuelos era algo especial, una tradición propia de los Artacho, que, al menos yo, no he visto en ninguna otra familia. Nos íbamos juntando todos allí, y a no ser que hubiera alguna causa mayor (trabajo del tío Carlos, por ejemplo), no faltaba nunca nadie.

Nos íbamos reuniendo a partir de las 4 o 5 de la tarde, pero el momento especial llegaba a las 00. Ahí encendíamos las bengalas, se apagaban las luces y cantábamos el villancico de ya vienen los reyes. Entonces, aparecía un rey mago con un bolsón negro lleno de regalos y los repartía.

A mí me ha tocado ser el 6º nieto, justo en el medio, 5 por arriba y 5 por abajo, pero cuando tenía 8 o 9 años, aún quedaban 2 por llegar, pues no recuerdo bien con quien, pero nos colamos en la habitación prohibida, la de la tía Mari, que era donde «escondían» los bolsones de regalos, no veas que emoción al verlos, eso sí, no hicimos nada más, ni revolvimos, ni abrimos ninguno, no queríamos fastidiar, la que era para nosotros, la noche más especial del año.

JUANCAR.


Recuerdos de Javi (nieto)

No hay duda de que todos tenemos recuerdos muy emotivos de los Reyes en casa de los abuelos y lo recordamos con muchísimo cariño. Pero no es menos cierto que años más tarde (bastantes), tenemos la gran suerte de poder seguir disfrutándolo en familia con la misma o incluso más ilusión 🙂

No apagarán las luces y esperaremos emocionados a un señ@r de dudosa procedencia con bolsas llenas de regalos, pero seguro que podremos escribir otros momentos muy especiales que recordar.

Disfrutaremos por los que ya no están y disfrutaremos de las nuevas incorporaciones (winwin ^^)

Gracias Petra por estar siempre dispuesta y entusiasmada en colaborar a que te llenen la casa de niños y no tan niños y Papá por darnos ejemplo cada día de lo que es ser buena persona.

Os quiero!!!

JAVI


Recuerdos de Pedro (nieto)

Recuerdo que “Los Reyes” eran un acontecimiento que se preparaba desde mucho antes.

Al principio sólo tenía que buscar juguetes en los catálogos en casa de la tía Carmen, pero muy pronto pude colaborar para que aquella noche mágica se hiciera realidad. Recuerdo acompañar a la abuela a buscar la decoración que yo mismo chincheteaba luego por toda la casa subido a cualquier cosa, y también las compras, y ayudarla a elegir regalos para el resto de primos: “niño, tú que sabes de esas cosas, ¿esto le podría gustar a…?”. La anticipación antes de que llegaran todos los demás era total, con las bandejas con vasos de flan a reposo en la cocina…

Los recuerdos se mezclan con mis nochebuenas, que fueron tantas veces en esa misma casa: el olor a sopa de marisco, a cordero, a bengalas, aquella enorme caja de roscón. La noche brilla en mi recuerdo con las risas graves del tío Luis o del tío Manolo, y con las bromas agudas y subidas de tono de algunas de las tías y de las primas mayores. De fondo, siempre la presencia discreta pero firme del abuelo, la gracia y complicidad de la abuela, la protección atenta de mis padres, los abrazos de Mari Paz y Susana. Ser el pequeño tenía el inconveniente de ser más asustadizo, junto a unos primos que crecían en picardía más rápido que el único hijo único. Y poco a poco recuerdo empezar a captar las preguntas y comentarios incómodos, y que fueron alimentando mi propio criterio.

Tras cierta agitación (supongo que en la controversia de quién se enfundaba el traje), la campanilla anunciaba a los reyes, acompañada de aquel villancico. De inacabables bolsas de basura emergían las ventajas de ser el más canijo, acumulando una montaña de regalos. “Para Pedrito de sus abuelos”. “Para Pedrito de sus padrinos”. “Para Pedrito de sus padres que le quieren”. Realmente fue un gran acierto no atribuir a seres inexistentes lo que personas de carne y hueso, pero tan llenas de magia, lograron construir.

En los últimos años, también recuerdo la expectativa por que llegara un primo más pequeño que yo -¡por fin!-y los esfuerzos para mantener viva la celebración hasta su llegada: ¡menudos tres reyes hicimos Juan Carlos, Javi y yo! Los tres niños cambiamos de lado, porque todo valía para mantener y devolver a los abuelos la ilusión que entre todos nos habíais regalado tantos años. Para los abuelos, lo único fundamental era reunirnos a todos y que aquella noche sirviera para atar lazos de cariño irrompibles. Y su felicidad lo valía todo.

PEDRO



Recuerdos de Carlitos (Nieto)

Hola a todos.

Aún recuerdo con mucha ilusión cuando iba con mis padres a casa de los abuelos a celebrar el día de reyes. Para mí fue muy especial el poder encontrar una familia tan unida que tenía tradiciones tan bonitas como esa. Me acuerdo que cantábamos primero unos cuantos villancicos como: “ya vienen los reyes magos caminito de Belén”, y luego ya salían los primos o tíos disfrazados de los reyes para ir entregando los regalos a todo el mundo; incluidos niños y mayores.

Es una lástima que ese tiempo pasase tan rápido porque ya no va a volver. Pero lo que sí tengo son muy buenos recuerdos y eso va a perdurar toda la vida.

Espero que tengáis una bonita Navidad y un próspero 2025.

Con amor de vuestro primo Carlitos.

CARLITOS


5 de enero de 2004

5 de enero de 1996


Recuerdos de Mari (hija)

Recuerdo algunos Reyes muy anteriores a los que los demás recordáis. En Antequera, cuando era pequeña; especialmente una vez en que mi tío y sus amigos vinieron a tocar la guitarra y el acordeón a casa. Recuerdo que me regalaran un huevo duro, de los que yo misma vendía, cuando no teníamos nada. Pero más adelante también recuerdo que me regalaran una muñeca y su cuna.

Después en Madrid los Reyes se hicieron importantes cuando mis hermanos se fueron casando y mi madre decidió que, para no pelearse por verlos en Noche Buena o en Noche Vieja, nos reuniría a todos en aquella fecha. En la casa vieja había poco espacio, pero el salón de la nueva permitió que todos los de la familia, cada vez más grande, nos juntáramos.

Recuerdo ir a comprar regalos con la abuela y que mandara al abuelo a por lo que le iba faltando a recados. Y en los días de reyes recuerdo ayudar a preparar todo antes de irme a trabajar y volver después para seguir ayudando, por lo que nunca pude ir a ver la cabalgata con mi marido y mi hijo. Pedro me llevaba en coche y allí hacía flanes para todos. Los abuelos compraban en Pedro Laborde y la abuela hacía sopa de pescado, pavo o cordero y ensaladilla rusa. Y yo ayudaba a todo ello, además de a recoger después.

Recuerdo que uno de mis hermanos se disfrazaba de Papá Noel en mi habitación de la casa nueva, de cualquier manera. Todos nos sentábamos en el salón esperando a que viniera el rey.

Mi madre quería juntarnos y yo, que siempre me han dicho que no valía para nada, quería demostrar que valía para todo, haciendo todo lo mejor que podía. No todo el mundo llegaba a la hora, y algunas hasta venían de morros y querían irse temprano, después de mucho trabajo. Pero de ver feliz a mi madre yo ya era feliz.

MARI


Recuerdos de Carmen (hija)

Recuerdos, tengo muchos recuerdos de aquellos días de Reyes tan bonitos que vivimos y que ahora, al pasar el tiempo, los encuentro maravillosos. Un gran recuerdo que mis padres hicieron para que pudiera perdurar en nuestro recuerdo o así lo veo yo, porque así ha sido.

Lo primero que me viene a la cabeza es cuando entrábamos en casa y todos nos íbamos derechos a la cocina porque allí estaba mi madre y allí íbamos a parar todos juntos. Llegábamos con aquel olor tan rico que echaba la sopa de picadillo en el fuego o el olor del chocolate haciéndose.

Qué gran trabajo hicieron nuestros padres, y a las pruebas me remito, que hoy después de los años que hace que ya no están con nosotros, los hermanos estamos más unidos que nunca.

Recuerdo también el trajín de la comida llevando y trayendo platos, los niños comiendo en la cocina, todos en armonía y hablándose a la vez, ¡qué recuerdos tan bonitos! Recuerdo a los adultos en la mesa grande intentando arrimarnos unos a otros para que pudiéramos sentarnos todos en las mesas, porque había varias mesas claro.

Y él no va más de la noche era, como es natural, la llegada del Rey Mago. La mayoría de los niños sabían ya quiénes eran los Reyes Magos claro, pero les hacía mucha ilusión y alegría, la sorpresa de ver qué es lo que les iban a traer. Y allá que se presentaba el Papá Noel de turno o el Rey Mago que bien podían ser Pepe, Rafa o Luis. Recuerdo que a Luis le pusimos una barba con papel higiénico y celo que con el sudor se le mojaba y se le caía constantemente, lo que sirvió para reírnos un rato también. Pues allí que estaba el Papá Noel o el Rey Mago cargado con su bolsa grande de la basura llena de regalos y juguetes y todavía recuerdo con mucho cariño como Javi, la Irene, Pedrito que era de los más pequeños lo miraban embobados. Qué caras más graciosas, nunca se me olvidará.

Ah! se me olvidaba, la entrada del Rey Mago era triunfal. Se apagaban las luces, se encendían las bengalas y se recibía con un aplauso y bueno la verdad que el papel de los Reyes era muy simpático.

Una vez repartidos los regalos, unos más contentos que otros como suele pasar, llegaba el chocolate y el roscón que llevaba nuestro hermano Rafael. La sorpresita del roscón la sorteábamos poniendo veinte duros cada uno y al que le tocará se la llevaba la sorpresa y el dinero.

Después de los regalos pues a comentar las cosas, las anécdotas, la alegría de los regalos recibidos y demás y después pues poco a poco todos nos íbamos marchando, como se suele decir, cada mochuelo a su olivo.

CARMEN


5 de enero de 1983


Recuerdos de Rafa (hijo)

RECUERDO a la abuela María preguntándome con ilusión qué día iba a pasar con ellos.

Aquellas eran mis primeras Navidades que no pasaba la cena de Nochebuena en casa de los abuelos, pues acababa de casarme y ese año la pasaríamos con la familia de mi esposa, Rafi.

Desde que el tío Manolo se casó, la Nochebuena siempre se celebraba en casa de los abuelos, y la Nochevieja, en casa de los tíos Manolo y Antonia. Después cuando se casó la tía Carmen pasaban la Nochebuena con la familia del tío Luis. Fue entonces cuando la abuela me dijo, con esa mezcla de firmeza y ternura que la caracterizaba, que no importaba cómo nos organizáramos las demás fechas: ella quería reunirnos a todos al menos una vez. Y así, la noche de Reyes se convirtió en «su noche», en nuestra noche.

Así nació esa maravillosa tradición que, durante veinticinco años, logró juntar a toda la familia en una de las noches más mágicas del año. A pesar de sus recursos limitados, la abuela se convirtió en nuestro Rey Mago particular. Con la inestimable ayuda de sus pajes, Carmen y Mari, se las ingeniaba para que nunca faltaran regalos para nadie. Ni siquiera la incorporación de nuevos miembros a la familia, ni el reto logístico de acomodar a más de treinta personas en una casa corriente, fueron obstáculos para que esta celebración perdurara.

Pero lo mejor de todo era la magia que se respiraba en cada rincón. Los nietos fueron quienes, con su ilusión y sus caras de asombro al recibir los regalos de manos del Rey Mago, elevaron la fiesta a algo inolvidable. Esa alegría, esa emoción pura, es algo que llevamos en el corazón para siempre.

RECUERDO también la sonrisa del abuelo. Aunque no participaba mucho en la organización, bastaba con mirarlo para saber que era feliz viéndonos a todos juntos, celebrando, riendo, compartiendo.

Gracias, hermano Pepe, por traer de vuelta este espíritu y por rememorar en tu nueva casa esas noches tan especiales. Que esta nueva etapa en tu vida esté llena de felicidad, paz y éxito. ¡Te lo mereces!

Con todo mi cariño, tu hermano, Rafa.

RAFA


Recuerdos de Pepe (hijo)

Mucho antes de que nuestra nueva casa en Madrid estuviera lista, ya había imaginado como iba a ser la presentación “oficial” para mi familia.

La primera idea fue recrear fielmente aquellas noches del 5 de enero que vivimos en casa de mis padres. Luego, las buenas ideas y el buen criterio de la mujer con quien comparto mi vida, Petra, dieron la forma final a lo que queda relatado por mi querido hermano Rafa.

¿Por qué era para mí tan importante rescatar ese encuentro familiar?

Lo primero que me viene a la cabeza: por mis padres. Ellos crearon una gran familia y el hecho de reunirnos a todos juntos una vez al año en su casa, les llenaba de orgullo y felicidad.

Para mi también era un momento lleno de ilusión, el encontrarme con hermanos y sobrinos, que por la distancia no frecuentábamos tanto y afianzar esa idea de familia que nuestros padres nos inculcaron y que yo valoro tanto.

Por último, lo relativo a la entrega de los regalos, en las que participé en varias ocasiones como ejecutor de los magos (a pesar de que el disfraz tenía poco de mágico, véase fotos). Era excitante ver la ilusión inocente de los niños pequeños ante la inminente llegada del rey. Para los mayores el tema era desigual, según el nivel de agrado que ofreciera lo recibido.

Desde aquí quiero agradecer y reconocer a mi amada Petra el haber acogido a mi “loca familia” y sentirla como propia. Y claro que sí, mientras tengamos ánimo habrá convocatoria.

JOSE



Recuerdos de Carlos (hijo)

Recuerdo…, y muy bien, cuando los reyes me trajeron aquel enorme y maravilloso scalextric en la casa baja. Me obligasteis a meterme en la habitación de los padres porque venían los Reyes. Y cuando salí y vi aquella enorme caja, me convertí en el niño más feliz del mundo. Hoy miro atrás y veo tantos 5 de enero con tantas situaciones distintas, pero todas con la única felicidad de ser felices esa noche de los Reyes Magos. Recuerdo ver la cabalgata de Reyes con mis hijos y después irnos con Pepe, la Jose, Irene y Javi a Vallecas a celebrar la noche. Creo que entre todos hemos conseguido celebrar año tras años una bonita escena de ilusión.

Ver crecer a nuestros hijos año tras año, como cambiaban los regalos, mis grabaciones con la cámara de video que me trajo Luis de Canarias. La Antonia sentada en la silla, los sacos grandes y negros llenos de regalos, lo mal que lo pasé el año que me tocó a mi vestirme de Papa Noel, yo no tengo arte para eso. Los demás si lo hicisteis muy bien.

Creo que la ilusión hace el milagro. Aunque conmigo no pudo. Jiji. Disfrutaba más mirando al Papa Noel, las muñecas que cada año eran más grandes y hacían más cosas, el salón lleno de papeles rotos de los regalos, y para acabar la noche, mamá y la Mari removiendo el chocolate en el fuego, y Rafa sacando el roscón, con la suerte de que siempre lo pagaba él, no había que esperar a la figurita.

CARLOS


5 de enero de 1999


GRACIAS ABUELOS

VOLVER A NACER

Hoy, 10 de mayo de 2025, celebro un año de vida… de mi segunda vida.
Hace exactamente un año, durante una visita familiar a Barcelona, sufrí un shock hipovolémico causado por la rotura de un aneurisma de aorta abdominal. La rapidez con la que mi hermano Carlos me llevó al hospital y la extraordinaria intervención de los equipos médicos, tanto del hospital de Igualada como del Hospital de Bellvitge, hicieron posible lo que parecía casi imposible: que hoy esté aquí escribiendo estas líneas.

Fueron momentos durísimos, especialmente para mis hijos y hermanos, que durante las 24 horas que permanecí inconsciente solo recibían noticias desalentadoras. Cuando desperté, supe al instante la gravedad de lo ocurrido. Escuché cómo la doctora explicaba a mis hijos las posibles secuelas circulatorias, respiratorias, renales y digestivas que podría arrastrar para el resto de mi vida. Pero contra todo pronóstico, la evolución fue favorable, y en solo 12 días recibí el alta. Después, una convalecencia que fui superando paso a paso, hasta recuperar el estado físico que tenía antes de este gran susto.

Durante mi ingreso en la UCI, donde fui atendido con una humanidad y profesionalidad que jamás olvidaré (incluido el cariño con que Pilar me afeitaba y perfumaba cada día), médicos y enfermeras me decían que era un milagro estar vivo, pues la rotura de un aneurisma de aorta tiene una tasa de mortalidad del 97 %.
Una enfermera me preguntó si había visto el famoso túnel con luz al final, como cuentan quienes regresan de la muerte. Le respondí, sinceramente, que no: no recuerdo absolutamente nada de esas 24 horas en que estuve inconsciente.

A pesar del trato impecable, hubo momentos duros. No poder moverte, depender para todo, el silencio, la fragilidad, el tiempo detenido… Me dio para pensar mucho. Hice balance de mi vida. No compartiré aquí todo lo que pasó por mi cabeza, pero sí puedo decir que he decidido dar prioridad a lo que de verdad importa. Lo esencial. Y para mí, eso es disfrutar —de verdad— del cariño de mis seres queridos. Disfrutar sin agobios, sin exigencias, con respeto, con tolerancia.

Ver a mis hijos y hermanos a mi lado me dio una fuerza inmensa. Ver a Violeta fue un subidón increíble. Sentí una energía profunda, una fuerza invisible pero real, proveniente de todos los que se preocuparon por mí: mis hijos, conyuges y nietos, mis hermanos y sobrinos, mis amigos, conocidos… Fue algo difícil de explicar, pero muy real.

No sé si he cambiado. Eso tendrán que decirlo los demás. Pero este “nuevo Rafa” ya no quiere arrastrar resentimientos del pasado. Quiere reconciliación. Quiere seguir conociendo lugares, hacer nuevas amistades, cumplir los objetivos que se dejó para la jubilación (que aún no se han agotado), y en resumen, vivir… y dejar vivir.

Este primer año de mi “nueva vida” ha sido intenso y, sobre todo, lleno de momentos especiales.
El pasado verano volví a sentir la brisa del mar en Burela, en la Mariña Lucense, donde tuve la alegría de recibir primero a mi hija Vanesa, mi yerno Joaquín y mis nietos Samuel y Elsa.

Con mi sobrino Manolo, su mujer Gema y su hija Diana.

También las casualidades del destino propiciaron que me visitaran en Burela mi sobrino Manolo con su familia, ya que pasaban sus vacaciones en Foz, localidad muy próxima a Burela y pasamos una tarde muy agradable.

Regalo de mi amiga Mar

Mi hijo Juan Carlos, mi nuera Aroa y mi nieto Mateo fallaron este año por un problema de salud de Juan Carlos que afortunadamente se resolvió pronto de forma satisfactoria, pero estoy deseando que este próximo verano pueda recibirlos.

Después llegaron mi hermano Pepe, mi cuñada Petra, mi sobrino Javier y mi sobrino nieto Marcos, completando unos días entrañables. Todo ello junto con los amigos, algunos nuevos como Mari Carmen y otros antiguos como Tomás, Charo y Toñi que alegraron mi estancia en esa localidad costera.

También lo pasé genial en el viaje a Oña con mis antiguos compañeros de Bachillerato de la Universidad Laboral de Córdoba.

Tampoco faltó mi viaje anual del Imserso a Roquetas junto a mi hermana Mari.

Y este año 2025 empecé con otro viaje a Burela con mi hermana Carmen y continué con el más reciente: un viaje muy especial con mi hermana Mari y su hijo Pedro, para ver por primera vez la Semana Santa de Antequera, el pueblo que me vio nacer.

Pero no todo han sido viajes. Este año también nos ha regalado celebraciones que han unido a nuestra gran familia. El 4 de enero, mi hermano Pepe y Petra nos reunieron en su nueva casa con una fiesta preciosa que evocó aquellas inolvidables celebraciones de Reyes que durante más de 20 años organizaron nuestros padres.

Y el 6 de abril, el cumpleaños número 80 de mi hermana Mari se convirtió en otra fecha para el recuerdo, con una fiesta que su hijo preparó con tanto cariño y que logró, una vez más, que nos reuniéramos todos. Momentos así son los que de verdad merecen ser celebrados.

Por eso termino con un brindis:

Hoy celebro mi primer año de vida… otra vez.
Hace un año estuve muy cerca de no estar aquí,
pero la vida —con ayuda de muchos— me dio una segunda oportunidad.

Y no sabéis cuánto la valoro.

Por eso hoy no quiero hablar de sustos ni hospitales,
sino de lo bonito que ha sido este año:
viajes, reencuentros, fiestas, familia…
y sobre todo, momentos como éstos.

Así que levanto mi copa
por la vida,
por los que están,
y por todo lo que aún nos queda por compartir.

¡Salud y gracias por estar ahí!

LOS PRIMOS DE GIRONA

Mi abuela paterna, Elvira, tuvo ocho hijos: seis varones y dos mujeres. Todos nacieron en la provincia de Málaga (en localidades como Archidona y Mollina) y emigraron durante los años 60 a la provincia de Girona, excepto mi padre, quien se trasladó a Madrid.

Mis padres, a pesar de la distancia, mantuvieron los vínculos familiares con sus hermanos y sobrinos en Girona, visitándose con cierta frecuencia. Recuerdo que, cuando era niño, cada vez que se casaba alguno de los primos mayores, nos visitaban en su viaje de bodas en nuestra casa de Madrid. Mis hermanos y yo, por turnos, hacíamos de Cicerones, enseñándoles la ciudad.

Visita a nuestra casa de Madrid del primo Pepe de la tía Vitoria con su recién estrenada esposa.

Cuando mi padre se jubiló, los viajes a Girona se volvieron más frecuentes, especialmente en ocasión de las bodas de muchos de los 26 primos hermanos que teníamos allí.

También recuerdo haber acompañado a mis padres en algunos de estos viajes y lo fabuloso que era el trato que recibíamos de nuestros tíos y primos. Todavía me emociona recordar mi primer viaje a Girona con mis padres, a principios de los años 70. Al llegar a la casa del torreón donde vivían mis tíos Juan, Carmen y Rafael, un montón de niños nos recibió con alegría. Aunque seguramente, además de mis primos (los hijos del tío Rafael), había vecinos, aún conservo la sorpresa de sus gritos y la calidez de su bienvenida.

Otro momento entrañable, al que yo no pude asistir, fue el encuentro celebrado el 29 de septiembre de 2001 en Girona. En esa ocasión se convocó a todos los tíos, primos, hijos de primos y allegados, contando con una nutrida representación de la familia de Madrid, encabezada por mis padres, los tíos Manuel y María. Fue un acto espectacular al que asistieron más de 100 personas, inmortalizado en un entrañable video casero grabado por mi sobrina Mari Paz, hija de Carmen, que se puede ver en YouTube.

Con el paso del tiempo, los tíos se fueron marchando y la distancia, sumada a las responsabilidades familiares de cada uno, enfrió un poco las relaciones entre los primos de Girona y Madrid.

La llegada de las redes sociales marcó un cambio. En 2012 se creó un grupo de Facebook llamado Artachos y amigos, donde varios primos empezamos a publicar fotos antiguas de los álbumes familiares, reavivando el contacto entre muchos de nosotros. Más tarde, con la aparición de WhatsApp, en Girona se creó un grupo llamado Semos Triburcieros!, cuyo nombre hacía honor a una expresión típica del tío Juan, quien, aunque no aportó primos, repartió humor y cariño entre todos sus sobrinos.

De derecha a izquierda: JAVIER, RAFAEL, PURI, ANTONIO Y JOSE MARIA, hijos del tío Rafael.

Inicialmente, mi hermano Carlos, el único primo de Madrid con más contacto con los de Girona, fue incluido en el grupo. Después nos unimos Pepe, Carmen y yo.

Cada año, aprovechando una cena organizada por la asociación de vecinos del Torreón, en el grupo se animaba a los Artacho de Girona a participar, logrando mantener el vínculo entre primos, que también fue pasando a las nuevas generaciones.

En 2022, al enterarnos de la cena, preguntamos si los de Madrid podíamos asistir. Nos respondieron afirmativamente y así fue como mi hermano Pepe y yo viajamos a Girona después de muchos años.

El recibimiento fue extraordinario. Nuestro primo José María, hijo del tío Rafael, coordinó un programa de visitas espectacular, lleno de actividades y momentos imborrables que nunca olvidaremos.

Todo comenzó con el primo Paco esperándonos en la gasolinera, seguido por el primo Javier, también hijo del tío Rafael, que nos recibió en la Plaza de la Independencia para picar algo y pasear por Girona, evocando recuerdos de antiguos viajes.

Fueron cuatro días repletos de actividades, visitas turísticas y encuentros con varios primos. Algunos de los momentos más memorables fueron:

La visita a La Bisbal, donde saludamos a la familia del primo Juan (hijo de la tía Victoria), y a Banyoles, donde nos encontramos con María Luisa, hija del primo Pepe.

Los paseos por Besalú, Tossa de Mar y San Antonio de Calonge, lugares preciosos que conocimos junto a primos de Girona.

La cena en casa de la prima Puri, en una terraza repleta de plantas y flores, disfrutando de ricas viandas.

La Cena de Hermandad del Torreón, a la que asistieron 47 miembros de la familia Artacho, incluido mi hermano Carlos, que vino desde Barcelona. Fue una velada llena de fiesta, alegría y baile.

La comida en el restaurante L’Arcada, donde nos reunimos con un gran grupo de primos, que no nos dejaron pagar por mucho que insistimos.

Los encuentros en el Hotel Bellavista, tanto por la mañana con los primos Cristóbal, Elvira y sus parejas, que acababan de regresar de un crucero, como por la tarde con el primo Antonio, hijo del tío Antonio.

El reencuentro con el primo Pepe, quien nos mostró con merecida satisfacción su álbum de fotos de cuando fue Rey Mago en la cabalgata de Reyes en Girona y el cuadro del árbol genealógico de la familia Artacho.

Finalmente, la despedida en el restaurante Eat Sleep Cycle Café Restaurant, donde nos encontramos con primos que aún no habíamos visto, como Elvira (hija de la tía Carmen) y Vicente (hijo del primo Vicente). Fue el cierre perfecto para esta maravillosa visita.

En el siguiente video se pueden ver más fotos del viaje.

En agosto de 2023, mi hermana Carmen y yo aceptamos la invitación del primo Paco para visitarlo en Llançà (Girona), donde tiene un lindo apartamento. Fue otro viaje estupendo, lleno de paisajes encantadores, comidas deliciosas y momentos inolvidables.

Comenzamos con una visita al Parque Natural del Cabo de Creus, un área de máxima protección, famosa por su biodiversidad y por las caprichosas formas de erosión creadas por la tramontana. En Portlligat, visitamos la Casa Museo de Dalí, donde el pintor vivió y trabajó durante más de 50 años.

Otro de los momentos especiales del viaje fue nuestra excursión a Collioure, en Francia, donde está enterrado Antonio Machado. No pudimos llegar al cementerio porque el camino estaba cerrado debido a un mercadillo, pero a cambio disfrutamos de unas ostras exquisitas acompañadas de vino de la región.

Por la noche, la visita a Peralada, con su impresionante castillo, nos dejó con la boca abierta.

Otra noche la cena en el restaurante La Encesa y el paseo hasta el mercadillo por la mañana hicieron que no podamos olvidar Port de la Selva.

Una tarde, organizamos un encuentro en una cafetería del centro de Girona (DUPLEX) para reunirnos con los primos que pudieran asistir. Finalmente, logramos juntarnos 18, en un ambiente ameno que sirvió para seguir afianzando nuestros lazos familiares.

El día de nuestra marcha un recorrido por Selva de Mar y sus alrededores, contemplando el Monasterio San Pere de Rodes fue el broche final a una semana fabulosa.

Muchas gracias al primo Paco por ser un magnifico anfitrión y por el cariño que nos regalaste.

En el siguiente video se pueden ver más fotos del viaje

En 2024, tenía previsto volver a Girona con mi hermana Mari, pero un problema de salud me lo impidió. Espero que pronto los astros se alineen para poder realizar ese viaje pendiente.

ROGEL O ROJEL

La abuela Elvira con su hija Carmen y su nuera Pepita

Tengo pocos recuerdos de mi abuela. Cuando pasó una temporada en casa de mis padres antes de instalarse en Gerona. En Mollina y en Gerona, en casa de la tía Carmen cuando iba de visita con mis padres y la recuerdo con una sonrisa dulce y animándome siempre a que siguiera estudiando.

Hace un tiempo he recuperado las cartas que recibía de mi familia cuando estaba estudiando en Córdoba y en ellas mi padre siempre me insistía que escribiera a la abuela porque, según me decía, le daba mucha alegría recibir noticias mías.

Uno de los pocos recuerdos que tengo es que en una ocasión me explicó que su “apellido Rojel se escribía con J y no con G como se ve por ahí” y que me ocupara que mi padre siempre lo escribiera con J.

Recuerdo que me produjo cierta intriga pero supuse que esa recomendación se la habría hecho a más nietos y sólo me preocupé de que en todos los documentos de mi padre se escribiera ROJEL y no ROGEL.  Nunca se me ocurrió preguntar a los hermanos de mi padre sobre ese asunto, dando por sentado que escribirían su segundo apellido como ROJEL.

Por eso me sorprendió mucho en el año 2012, cuando se creó el Grupo de Facebook ARTACHOS Y AMIGOS, que primero mi prima Paqui me dijera que ROGEL era con G y después su hermana Pilar me escribiera diciéndome que “mi padre siempre lo escribía con G el D.N.I y todos los documentos oficiales consta así, la abuela ELVIRA también y a mí personalmente me duelen los ojos al verlo escrito con j”.

Certificado de nacimiento de mi padre

Todos estos años he estado pensando cuáles podrían ser las razones para que se hubiera producido esta divergencia. Hasta se me ocurrió pensar que el abuelo Francisco, padre de mis tíos Juan, Paco, Carmen, Rafael y Antonio los hubiera registrado con G para diferenciarlos de los tres primeros hijos de su hermano Manuel (Vitoria, Manuel y José).

En la partida de nacimiento de mi padre aparece escrito con J tanto el nombre de la abuela Elvira como de su padre Rafael Rojel Mármol.

He investigado en webs de genealogía y todo indica que son dos apellidos diferentes. Según www.misapellidos.com Rogel con G procede de Francia y Rojel con J de España.

También en www.geneanet.org aparecen 15.927 personas que se llaman Rogel con G y la mayoría proceden de Francia. De Rojel con J aparecen 711 personas y hay justamente dos de Archidona, donde nació la abuela Elvira.

Precisamente he encontrado el árbol genealógico de esas personas y corresponden a Fernando Juan Crisóstomo Jiménez Rojel y su madre Antonia Rojel, nacida en 1830 en Archidona.

Me he molestado en pedir la partida de nacimiento de la abuela Elvira  y de nuevo aparece escrito ROJEL tanto en el nombre de su padre, Rafael Rojel Mármol como el de su abuelo José Rojel García.

Sería interesante si pudiéramos disponer de las partidas de nacimiento de todos los hijos de la abuela Elvira para ver cómo fueron inscritos.

Según la legislación española que establece el principio de exactitud registral, es el Registro Civil quien se encarga de la exactitud de los datos inscritos y si se cometen errores deben estar reflejados y corregidos en el propio Registro Civil.

Acta de nacimiento de Elvira Rojel Guerrero y para una mejor comprensión he mecanografiado el texto.

Mientras no dispongamos de más elementos de juicio o de algún testimonio de los primos mayores que lo aclare, mi idea conspiranoica de que el abuelo Francisco hubiera cambiado el apellido para diferenciar a sus hijos de sus hijastros será una simple presunción.

Lo más probable es que al haber muchos más Rogel con G que Rojel con J  se haya cambiado pensando que lo correcto era Rogel sin darle más importancia.

Seguramente este asunto no ha tenido ninguna importancia para sus hijos aunque para la abuela Elvira sí debía tenerla y por eso me hizo el encargo.

Con este escrito doy por cumplido su encargo y además he estado entretenido un tiempo y si alguien se entretiene leyéndolo pues doy por bueno el tiempo empleado.

Pero eso sí el misterio queda en el aire. Toda familia que se precie tiene que tener sus misterios.

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ABRAZAR UN ARBOL

Lo mejor de estar jubilado es que tienes tiempo para hacer casi todo lo que te propones, aunque hay que tener cuidado en no querer abarcar más de lo que puedes, pues no hay nada más incongruente que un jubilado estresado.

Por eso cuando mis hermanas, que son afiliadas de la ONCE, me animaban a colaborar con la ONCE como voluntario tenía mis dudas.

Pero éstas se disiparon cuando contacté con el departamento de Voluntariado y me explicaron las distintas formas de colaboración. Podía participar como Voluntario en el Programa de Acompañamiento, conforme a mi disponibilidad.

Antes de empezar, el aspirante a voluntario recibe una formación en la que se le enseña cómo tratar y guiar a las personas con ceguera o con discapacidad visual grave, además de información sobre la labor que desarrolla la ONCE.

APRENDI los tipos de deficiencias visuales que sufren los afiliados, las enfermedades que las provocan y los requisitos que se exigen para ser afiliado a la ONCE.

APRENDI las técnicas de acompañamiento para saber lo que hacer en las diferentes situaciones que te puedes encontrar al hacer un servicio de guía.

APRENDI cuáles son los errores más frecuentes que cometemos en nuestra relación con las personas con discapacidad visual, siendo el principal no preguntarles qué tipo de ayuda precisan o forzar a recibir una ayuda no deseada.

Evitar la sobreprotección, permitir que hagan las cosas por sí mismas y no generalizar, es decir tratar a cada persona en función de sus deseos y capacidades, son también pautas que se deben seguir.

Es verdad que estas reglas son de sentido común pero en la práctica hay muchas personas que las ignoran.

Me cuenta mi hermana Mari, que una vez escuchó un audiolibro que decía “que abrazar un árbol nos puede hacer sentir muchísimo mejor, que la sensación es única, y que sin duda te hace sentir mucho más cerca de la naturaleza y el entorno que lo rodea”. Y añadía que “A mucha gente le parece una tontería, pero lo cierto es que siempre se ha dicho que abrazar un árbol tiene poderes mágicos”.

Un día iba ella caminando sola con su bastón de invidente por las calles de Móstoles, se acordó del audiolibro y sintió deseos de experimentar la sensación de abrazar un árbol. Con el resto visual que le queda percibió una sombra y se dirigió hacia ella con la intención de comprobar que en efecto era un árbol y poder abrazarlo. No había llegado todavía a su destino cuando oyó una voz masculina que le alertaba diciéndole que no continuara y sintió un tirón del brazo para desviar su trayectoria. Mi hermana Mari, tras el susto inicial, le dio las gracias, esperó que se marchara e intentó de nuevo acercarse al árbol. Cuando estaba a punto de tocarlo oyó de nuevo otra voz, en esta ocasión femenina, que le decía “para, para, por ahí no” y sintió cómo la retenían del brazo otra vez y la empujaban lejos de su objetivo.

Probó fortuna en dos ocasiones más en diferentes lugares y siempre se produjo la misma situación. Con cierta frustración renunció a volver a intentarlo.

Cuando me lo contaba le pregunté que por qué no había advertido a esas personas tan “protectoras” de sus verdaderas intenciones y me dijo que no se atrevió, porque sentía un poco de vergüenza y no quería hacer sentir mal a los bienintencionados transeúntes.

Le dije que no se preocupara, que yo la acompañaría para que pudiera abrazar todos los árboles que quisiera. Y eso hicimos hace unos días en el parque Finca Liana de Móstoles, como se muestra en las fotos adjuntas.

Lo que sintió al realizar esta experiencia queda para su intimidad pero amigo lector, si observa en la calle a una persona con bastón blanco, que se dirige con paso firme hacia un árbol, no le frene en seco, ofrézcale ayuda y pregúntele primero porque a lo mejor lo que quiere es ABRAZAR UN ARBOL. 

YO TAMBIEN FUI BOMBERO

Hace unos días visité el Museo de San Isidro en Madrid. Es una visita interesante que recomiendo, pues se aprende mucho sobre los orígenes de Madrid. Está ubicado en la que, según la tradición, fue la casa donde San Isidro vivió y murió y la apertura del Museo ha permitido recuperar la costumbre de la visita al Pozo del Milagro (situado junto al patio), donde según cuenta la tradición, San Isidro salvó a su hijo de morir ahogado al hacer subir las aguas hasta el brocal.

Imagen tomada del blog ReliArtes

Contemplando el pozo me vinieron a la memoria los recuerdos de la casa donde vivíamos cuando llegamos a Madrid en 1960. También tenía un patio, aunque sin vallar durante los primeros años, y había un pozo profundo con agua que aunque no era potable, usábamos para fregar, limpiar, regar etc.  

También me vino a la memoria el día en que al ir a sacar agua del pozo escuchamos unos aullidos lastimeros procedentes del interior del mismo. Recuerdo que era domingo por la mañana porque se encontraban en casa mi padre y mi hermano Manolo.

Avisados mis padres descubrimos que era un gato, nuestro gato, el que maullaba desde el fondo del pozo. ¿Cómo se habrá caído? Nos preguntábamos todos, ¿Y ahora qué hacemos?

Poco a poco se fueron acercando vecinos y comentaban que “el gato no se podía haber caído sólo, porque la tapa estaba cerrada y que habría sido alguien con mala leche.” Otra vecina dijo que había oído al vecino de la casa de arriba renegar sobre el gato y que creía que había sido el autor de semejante maldad. Era un viejo gruñón y todos pensamos que había sido él.

Imagen del pozo que se encuentra en el Museo de San Isidro de Madrid

En aquellos momentos nos hubiera venido bien un milagro pero no nos dio por rezar, San Isidro no estaba cerca y era poco probable conseguir que el agua subiera hasta el brocal para que pudiéramos coger el gato con facilidad.

“Hay que sacarlo porque si se ahoga se corrompe el agua y ya no vamos a poder usarla”, decía mi padre.

Tras varios intentos infructuosos para que el gato se metiera en el cubo que le acercábamos soltando la cuerda, mi hermano Manolo dijo que la mejor solución era meter a un niño, que pesa menos, bien atado para que saque el gato. Pensaron en mi hermano Pepe que era el más pequeño pero mi madre se negó porque era demasiado pequeño. Entonces todas las miradas se dirigieron a mí preguntándome si me atrevía a meterme en el pozo. Yo tendría 8 ó 9 años y tras unos instantes de duda dije que sí. Recuerdo cómo se aceleró mi corazón, pero no podía negarme.

En esta foto de la comunión de mi hermano Pepe yo tenía 10 años.

Me quedé descalzo y en bañador, ataron una cuerda gruesa a mi cuerpo y poco a poco me fueron bajando hasta el fondo del pozo. Yo confiaba en mi padre y en mi hermano Manolo que eran los que sujetaban la cuerda, ayudados también por otros vecinos. Estaba muy oscuro y sólo cuando ya estaba cerca del agua vi al gato que se había resguardado en una hendidura de la pared, ligeramente por encima del nivel del agua. Lo tomé, lo apoyé sobre mi hombro y grité para que nos subieran a los dos. Cuando vi la luz, salí del pozo  y escuché los aplausos de los congregados, sonreí satisfecho y APRENDI que vencer el miedo tiene su recompensa. Ni siquiera reparé en los arañazos que el gato había hecho sobre mi hombro desnudo.

Los bomberos rescatando a un perro que había caído a un pozo

Cuando el otro día vi en televisión que los bomberos habían rescatado a un perro que había caído a un pozo y me fijé en la cantidad de personas que participaron, su uniforme, el casco, la grúa y las herramientas que emplearon para el rescate, pensé que nosotros hicimos lo mismo con muchos menos medios.

Y a eso me refiero cuando digo que por una vez, YO TAMBIEN FUI BOMBERO.

ARTACHO Y ADJUNTOS

Imagen obtenida en www.misapellidos.com

A los Artacho nos gusta nuestro apellido. Suena bien, no es frecuente, y nos hace sentir diferentes. Es más fácil que nos recuerden y “según concluye un estudio realizado por científicos de las Universidades de Alicante, Murcia y la Carlos III de Madrid, las personas con apellidos poco comunes tienen más posibilidades de tener éxito social que las que tienen nombres de familia usuales”.

Y eso que a veces nos encontramos en situaciones incómodas, como cuando nos cambian el apellido en comercios, agencias o al realizar trámites de cualquier tipo. Yo me he encontrado en albaranes, facturas y hasta en algún documento oficial Altacho, Artucho, Arteche, Arpacho y un sinfín de palabras más que sería largo enumerar. Por más intentos que hago de deletrear bien el apellido, sobre todo por teléfono, en muchas ocasiones me encuentro con el apellido alterado.

También es frecuente que te pidan explicaciones sobre su origen y en mi caso como soy Artacho Artacho algunas personas me comentan “qué casualidad, un apellido tan raro y encima repetido” y se quedan mirando esperando una explicación. Yo les sonrío con mi mejor falsa sonrisa y les digo “ya ve”.

Claro que si me preguntan si se escribe con hache o sin hache, vuelvo a sonreír y les contesto: “con hache porque si no, sería ARTACO”.

El mejor exponente de lo orgullosos que nos sentimos de nuestro apellido es sin duda el primo Pepe de la Tía Vitoria de Gerona. Todavía recuerdo con simpatía la última vez que nos vimos, que no se cansaba de repetir ¡¡¡Artachos, bien!!!,  ¡¡¡Artachos, bien!!!, ¡¡¡Artachos, bien!!!.

En un viaje a Munich para celebrar el 60 cumpleaños de mi hermano Pepe, nos juntamos un nutrido grupo de Artacho, acompañados de sus parejas. Allí escuché en varias ocasiones como Domingo, el marido de mi sobrina Irene, acuño la palabra ADJUNTOS, cuando quería referirse a los que no eran Artacho.

A veces cuando se creaban corrillos en el que los hermanos contábamos nuestras batallitas y los que no eran Artacho corrían el riesgo de bostezar, Domingo, con el buen humor que le caracteriza decía: “Los Adjuntos que se vengan para acá”, y formaban un nuevo corrillo, sin duda más divertido para ellos.

Pero no quiero que este sentimiento de aprecio a nuestro apellido se pueda malinterpretar y que alguien pueda pensar que nos consideramos mejores.

Por eso hoy quiero destacar a esas personas que acompañan a los ARTACHO. Son mujeres y hombres que en la mayoría de los casos han sabido complementar con sus parejas. Que han apreciado las capacidades de los ARTACHO, pero también han aceptado nuestras carencias. Son personas que cuando es necesario hablan por nosotros favoreciendo la comunicación, que preguntan cuando no preguntamos, que nos comprenden, que están pendientes de aquello que se nos olvida, que alegran nuestras fiestas y reuniones, en definitiva que los ARTACHO seríamos peores personas sin ellas.

Es por lo que termino este escrito diciendo: VIVAN LOS ADJUNTOS